Artículo Original
Relación entre el índice de masa corporal y los patrones angiográficos en pacientes con síndrome coronario agudo con elevación del segmento ST
María Paula Molisani Villalba
Revista del Consejo Argentino de Residentes de CardiologÃa 2025;(178): 0006-0006
El índice de masa corporal (IMC) es una herramienta utilizada para evaluar el estado nutricional. La obesidad constituye un factor de riesgo cardiovascular, que puede generar una repercusión negativa, incluso en el síndrome coronario agudo (SCA). Este cuadro, a su vez, está condicionado por múltiples factores, como la cantidad de vasos afectados. El objetivo de este trabajo fue determinar la presencia y relación de los diferentes patrones angiográficos que se asocian al IMC de los pacientes.
Se realizó un estudio prospectivo, observacional, analítico y de corte longitudinal. Se incluyeron pacientes de la base de datos de Hemodinamia (HEMOCOR) y del Servicio de Cardiología de la Clínica Privada Vélez Sarsfield, así como pacientes que cursaron internación en Unidad Coronaria de la ciudad de Córdoba entre septiembre de 2021 y marzo de 2023. Todos presentaban diagnóstico de síndrome coronario agudo con elevación del segmento ST (SCACEST) y se les realizó cinecoronariografía (CCG).
En ninguna de las arterias afectadas se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos. Se evidenció un predominio masculino en el grupo con obesidad. El 66% de los pacientes con IMC >30 presentó compromiso de un vaso, mientras que este porcentaje fue del 42% en pacientes con IMC <30. el="" 92="" de="" los="" pacientes="" alcanz="" reperfusi="" n="" resulta="" parad="" jico="" que="" pese="" a="" contar="" con="" mayor="" cantidad="" factores="" riesgo="" imc="">30 no presentaron un número superior de vasos lesionados en comparación con aquellos con IMC <30. las="" diferencias="" entre="" ambos="" grupos="" no="" fueron="" estad="" sticamente="" significativas="" por="" lo="" tanto="" se="" sugiere="" ampliar="" la="" muestra="" para="" futuros="" estudios="" p="">
Palabras clave: obesidad, síndrome coronario agudo, índice de masa corporal.
Body mass index (BMI) is a tool used to assess nutritional status. Obesity is a cardiovascular risk factor that can have a negative impact, including the development of acute coronary syndrome (ACS). This condition, in turn, is influenced by multiple factors, such as the number of affected vessels. The aim of this study was to determine the presence and relationship of different angiographic patterns associated with patients’ BMI.
A prospective, observational, analytical, and longitudinal study was conducted. Patients were included from the Hemodynamics database (HEMOCOR) and the Cardiology Service of Clínica Privada Vélez Sarsfield, as well as patients admitted to the Coronary Care Unit in the city of Córdoba between September 2021 and March 2023. All patients had a diagnosis of ST-segment elevation acute coronary syndrome (STEMI) and underwent coronary angiography (CAG).
No statistically significant differences were observed between groups regarding the affected arteries. A male predominance was found in the obesity group. Sixty-six percent of patients with BMI >30 had single-vessel involvement, whereas this percentage was 42% among patients with BMI <30. ninety-two="" percent="" of="" patients="" achieved="" reperfusion="" interestingly="" despite="" having="" a="" higher="" number="" risk="" factors="" with="" bmi="">30 did not present a greater number of affected vessels compared to those with BMI <30. differences="" between="" groups="" were="" not="" statistically="" significant="" therefore="" it="" is="" suggested="" to="" increase="" the="" sample="" size="" for="" future="" studies="" p="">
Keywords: obesity, acute coronary syndrome, body mass index.
Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.
Fuente de información Consejo Argentino de Residentes de Cardiología. Para solicitudes de reimpresión a Revista del CONAREC hacer click aquí.
Recibido 2024-10-20 | Aceptado 2024-11-01 | Publicado 2025-04-30

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Introducción
El índice de masa corporal (IMC), parámetro utilizado mundialmente para estimar el estado nutricional de la población mediante la división del peso entre la talla al cuadrado1, constituye una herramienta fundamental para la evaluación de la salud. Un IMC elevado, que define la obesidad, se ha convertido en un problema creciente a nivel global, con una prevalencia en aumento en prácticamente todos los continentes. La obesidad, junto con el sobrepeso, es actualmente el factor de riesgo cardiovascular más prevalente en personas con enfermedad coronaria establecida, tal como señalan las guías vigentes2,3.
Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que la obesidad es un factor de riesgo mayor para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, entre ellas la enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, arritmias ventriculares y muerte súbita4. Muchos pacientes con patología cardiovascular desarrollan esta condición como consecuencia de patrones alimentarios no saludables y hábitos que favorecen el aumento de peso y la obesidad5-8.
Factores como el sedentarismo y las dietas inadecuadas no solo afectan la salud física, sino que también interactúan con procesos fisiológicos que potencian un impacto negativo en la salud cardiovascular. Tal es el caso del síndrome coronario agudo (SCA), reconocido desde hace más de 250 años como un importante contribuyente a la morbilidad y mortalidad9-12. El SCA, a su vez, se ve influido por factores pronósticos asociados con el aumento de la mortalidad, como la clase Killip-Kimball III-IV, la fracción de eyección disminuida, el reinfarto durante la hospitalización, las complicaciones mecánicas en el cateterismo y el sexo femenino13. Asimismo, la cantidad de vasos afectados y la severidad de las lesiones han demostrado poseer valor pronóstico14-16. En este estudio se busca establecer el impacto de la obesidad en la severidad y el número de vasos afectados en pacientes con síndrome coronario agudo (SCA). El objetivo principal fue determinar la presencia y la relación de los diferentes patrones angiográficos que se asocian en mayor medida, en cantidad y severidad, con el índice de masa corporal (IMC) de los pacientes. Asimismo, se plantearon como objetivos específicos analizar la relación entre el IMC y la evolución hospitalaria, comparar la realización de revascularización completa según el IMC y correlacionar los factores de riesgo presentes en los pacientes en función de este parámetro.
Materiales y métodos
Se realizó un estudio prospectivo, observacional, analítico y de corte longitudinal. Se incluyeron pacientes de la base de datos de Hemodinamia (HEMOCOR) y del Servicio de Cardiología de la Clínica Privada Vélez Sarsfield, que cursaron internación en la Unidad Coronaria de la ciudad de Córdoba entre septiembre de 2021 y marzo de 2023.
Fueron incluidos los pacientes con diagnóstico de síndrome coronario agudo con elevación del segmento ST (SCACEST), según las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC 2021), a quienes se les realizó cinecoronariografía (CCG). Se calcularon los valores de IMC de acuerdo con la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para determinar la categoría correspondiente, conformándose dos grupos: IMC < 30 kg/m² e IMC ≥30 kg/m² (definido como obesidad). Se analizaron las características sociodemográficas y clínicas (edad, sexo y factores de riesgo cardiovascular asociados a SCA como hipertensión arterial [HTA], diabetes mellitus, dislipidemia y tabaquismo), el patrón angiográfico según el vaso o vasos afectados (descripto en el informe de la CCG), las complicaciones y el tratamiento recibido.
La mala evolución clínica postangioplastia se definió como el agravamiento de la enfermedad evidenciado por signos o síntomas observables y diagnosticables tras la reperfusión del vaso, incluyendo hemorragia, trombosis, arritmia ventricular, disección coronaria y muerte. Asimismo, se registró si se realizó revascularización completa, tratamiento exclusivo del vaso culpable y otras estrategias, independientemente del método empleado.
Para el análisis estadístico, las variables cualitativas se describieron mediante frecuencias absolutas (n) y relativas (%), y se evaluaron las asociaciones con la prueba de Chi cuadrado, calculándose los odds ratio (OR) con sus respectivos intervalos de confianza al 95% (IC95%). Las variables cuantitativas fueron analizadas en cuanto a su distribución mediante las pruebas de Shapiro-Wilk y Kolmogorov-Smirnov. Se utilizaron como medidas descriptivas la media y el desvío estándar, además de valores mínimo y máximo. La comparación entre grupos se realizó con el test t de Student. Se consideró estadísticamente significativo un valor de p< 0,05. El procesamiento y análisis de los datos se efectuó con los programas Microsoft Excel e Infostat.
Se analizaron los datos de 98 pacientes, de los cuales el 78% (n=76) correspondió a sexo masculino. La edad promedio fue de 60±12 años, con un rango de 24 a 90 años. La media de días de internación fue de 4,7±3,6, con un mínimo de 1 y un máximo de 20 días. El 92% de los pacientes (n=90) recibió tratamiento de reperfusión, mientras que el 67% (n=66) alcanzó revascularización completa.
En la Tabla 1 se detallan las características generales de los pacientes, incluyendo antecedentes patológicos, arterias afectadas, número de vasos comprometidos, evolución hospitalaria desfavorable y tratamiento recibido. Entre los antecedentes, la HTA fue la más frecuente (62%, n=61), seguida por el tabaquismo (33%, n=32). Las arterias más comúnmente afectadas fueron la arteria descendente anterior (ADA) en el 61% (n=60), la arteria coronaria derecha (ACD) en el 44% (n=43) y la arteria circunfleja (ACX) en el 33% (n=32). El 52% (n=52) presentó afectación de un solo vaso.
En cuanto al tratamiento, la estrategia más utilizada fue la angioplastia, realizada en el 78% de los casos (n=76). La mortalidad intrahospitalaria fue del 10% (n=10). El peso promedio de los pacientes fue de 87,5±16,5 kg (rango: 45-145 kg) y la talla promedio de 1,68±0,07 m (rango: 1,50-1,84 m). El IMC medio fue de 30,85±5,15 kg/m² (mínimo: 19,22; máximo: 53,26), y el 54% (n=53) presentó obesidad (IMC ≥30 kg/m²).
En la Figura 1 se muestra la asociación entre el IMC y el sexo, con diferencias estadísticamente significativas (p=0,0008). Los hombres tuvieron 5,83 veces más probabilidad de presentar IMC ≥30 en comparación con las mujeres (OR=5,83; IC95%: 2,01–16,89).
La Figura 2 compara la frecuencia de antecedentes patológicos entre pacientes con IMC < 30 y ≥30. Aunque ninguna diferencia fue estadísticamente significativa, se observó mayor proporción de dislipidemia (17% vs. 11%), tabaquismo (35% vs. 31%) y diabetes mellitus (32% vs. 18%) en los pacientes con IMC elevado.
En la Tabla 2 se analizan las arterias afectadas y la cantidad de vasos comprometidos según el IMC. No se encontraron diferencias significativas, aunque los pacientes con IMC < 30 presentaron mayor afectación de ADA (69% vs. 55%), ACD (49% vs. 40%) y ACX (39% vs. 28%) respecto a los obesos. Además, el 66% de los pacientes con IMC ≥30 tuvo un solo vaso afectado, comparado con el 42% en el grupo con IMC < 30.
Tampoco se hallaron diferencias significativas al comparar el IMC con la necesidad de reperfusión (91% en normopeso vs. 92% en obesos; p=0,809) ni con la realización de revascularización completa (60% vs. 74%; p=0,153). La Tabla 3 presenta los resultados de evolución hospitalaria, donde tampoco se registraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos.
Por último, la Figura 3 muestra los tratamientos recibidos según el IMC. Si bien no se observaron diferencias significativas, el 11% de los pacientes con IMC < 30 recibió cirugía de revascularización miocárdica (CRM) frente al 6% en IMC ≥30, y el 4% recibió fibrinólisis, frente al 2% en los obesos.
Discusión
El presente estudio evidenció una alta prevalencia de obesidad en pacientes con síndrome coronario agudo, lo cual coincide con la literatura actual que reconoce la obesidad como un factor de riesgo relevante para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, no se hallaron diferencias estadísticamente significativas en la severidad de las lesiones coronarias entre los pacientes con IMC < 30 y aquellos con IMC ≥30.
Este hallazgo podría explicarse porque la obesidad constituye solo uno de los múltiples factores que intervienen en la enfermedad cardiovascular. Otros determinantes, como la edad, el sexo, la hipertensión arterial y el tabaquismo, ejercen una influencia relevante en la progresión y gravedad de la enfermedad. Asimismo, la ausencia de asociación entre el IMC y la severidad de las lesiones podría deberse a que no se consideraron variables como la duración de la obesidad, la distribución del tejido adiposo, la presencia de comorbilidades o factores relacionados con el estilo de vida, los cuales podrían modificar el riesgo individual.
Es importante señalar que este estudio presenta limitaciones, entre ellas el tamaño de la muestra y la ausencia de seguimiento a largo plazo, lo que restringe la generalización de los resultados. Además, no se evaluaron marcadores metabólicos ni parámetros inflamatorios que podrían aportar información más precisa sobre la relación entre obesidad y aterosclerosis coronaria.
En conjunto, los resultados sugieren que, si bien la obesidad es un factor de riesgo cardiovascular reconocido, no necesariamente determina la severidad de las lesiones coronarias en el contexto de un síndrome coronario agudo. Por ello, se requieren estudios adicionales, con mayor tamaño muestral, análisis multivariados y seguimiento longitudinal, para comprender mejor el papel del IMC y otros indicadores de adiposidad en la progresión de la enfermedad coronaria.
Conclusiones
Los resultados del presente estudio no evidenciaron una asociación significativa entre el IMC y la severidad de las lesiones coronarias ni con la evolución intrahospitalaria en pacientes con síndrome coronario agudo. Sin embargo, la obesidad continúa siendo un determinante mayor del riesgo cardiovascular, por lo que su identificación y abordaje clínico siguen constituyendo un objetivo prioritario en la prevención primaria y secundaria. Futuras investigaciones deberían considerar la inclusión de indicadores alternativos de adiposidad, parámetros metabólicos y un seguimiento prolongado para aportar mayor claridad sobre esta compleja relación.
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