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Editorial

Cardiopatías congénitas desde el feto hasta el adulto: el desafío a la Cardiología del siglo xxi

Oscar Saravalli

Revista del Consejo Argentino de Residentes de Cardiología 2013;(122): 0329-0330 


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Consejo Argentino de Residentes de Cardiología. Para solicitudes de reimpresión a Revista del CONAREC hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado 2013-12-31


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Figura 1. Diagnóstico y tratamiento de las C.C. La curva paradojal.

Los albores del siglo XXI anunciaron con claridad algo que se venía gestando desde hacía varias décadas en relación al diagnóstico y tratamiento de las cardiopatías congénitas: que aquella entidad que se dio a conocer como Cardiología pediátrica a través de los estudios anatómicos de Maud Abbott y que floreció con los brillantes diagnósticos de Paul Wood y Helen Taussig, los que, a su vez, generarían brillantes éxitos quirúrgicos en innumerables niños, parece encontrarse definitivamente en su ocaso. Ocaso que no deviene de una degradación del conocimiento de esta patología ni de las prácticas quirúrgicas utilizadas para su tratamiento sino, por el contrario, de la cada vez más prolongada sobrevida de los pacientes sometidos a tratamientos quirúrgico-intervencionistas de estas malformaciones. 

El vertiginoso avance del diagnóstico prenatal por medio del ecocardiograma fetal ha permitido el diagnóstico precoz de estas cardiopatías y la adecuación previa del equipo de salud para aplicar a la brevedad el tratamiento médico, quirúrgico o intervencionista indicado en el neonato. Esto ha redundado en un obvio aumento de la sobrevida neonatal a través de la resolución inmediata de una cardiopatía o en la adecuada preparación del paciente para un tratamiento quirúrgico programado en un futuro oportuno. Simultáneamente, el avance incesante de las técnicas quirúrgicas para abordar las cardiopatías más complejas, así como la nobleza creciente de los materiales utilizados en ellas, han permitido mejorar sustancialmente los resultados de estas intervenciones. Si a esto se agrega el desarrollo del cateterismo intervencionista aplicado al manejo de estas enfermedades y a los procedimientos híbridos que de este desarrollo se han derivado, comprenderemos el porqué el capítulo de las cardiopatías congénitas ha dejado ya de ser el que en un tiempo fue denominado como Cardiología pediátrica para pasar a convertirse en el de las Cardiopatías congénitas del feto, el niño y el adulto.

Si dirigimos nuestra atención al gráfico de la Figura 1 podremos advertir que el diagnóstico y tratamiento de las cardiopatías congénitas realizados en la primera y segunda infancia se ha ido reduciendo paulatinamente durante las décadas transcurridas desde 1980 al 2010 a expensas de una mayor precocidad diagnóstica y en el tratamiento de neonatos y lactantes. Pero, simultáneamente, lo que se hace más impactante al observar su curva es el aumento progresivo y sustancial de los adolescentes y adultos previamente tratados que luego requieren seguimiento clínico, diagnóstico de complicaciones tardías y tratamiento de las secuelas quirúrgicas.

El aumento de los éxitos resolutivos ha hecho que actualmente exista una franja de pacientes entre los veinte y cuarenta años de edad que requieren atención cardiológica a causa de su cardiopatía congénita ya tratada en una o en varias etapas, las que, en este período de sus vidas comienzan a manifestar los problemas secuelares de sus intervenciones o las complicaciones secundarias a ellas. La proyección del crecimiento en el número de estos pacientes para la década a iniciarse en el 2020 debe ser un toque de atención y un motivo de alarma para los cardiólogos que deberán enfrentarse cada vez con mayor frecuencia ante un tipo de paciente para cuyo manejo no han sido adecuadamente preparados.

Tal como repetía incansablemente Jane Somerville, cuando en la década de los setenta insistía sobre el desafío que afrontaría la Cardiología frente los cardiópatas congénitos adultos en los albores del siglo actual: “Nuestros niños operados de cardiopatías congénitas de alta y mediana complejidad no se encuentran definitivamente curados sino que requieren seguimiento clínico de por vida, a la búsqueda de las secuelas quirúrgicas y a la espera de las complicaciones tardías”. En realidad, debemos admitir que la cirugía más brillante o el intervencionismo más efectivo, en la mayoría de los casos, sólo consiguen prolongar significativamente la sobrevida de estos pacientes, trocando una patología de gravedad y mal pronóstico por otra de mayor benignidad y mejor pronóstico a largo plazo.

El concepto de cardiopatías congénitas del adulto, en el que muchos cardiólogos fuimos formados, es un criterio obsoleto y que en la actualidad debe relacionarse con el de mala praxis médica. El recibir en consultorio a un paciente adulto, o incluso adolescente, con una coartación de aorta, una comunicación interauricular grande o un ductus permeable no diagnosticados previamente, no pone en buena situación a los pediatras que lo han controlado en su niñez, los que tal vez nunca le han palpado sus pulsos femorales o ni siquiera le han tomado la tensión arterial durante toda su infancia; ni tampoco a los cardiólogos que le han realizado exámenes cardiovasculares preescolares o predeportivos y que no han dedicado el tiempo mínimo indispensable para valorar las características de un soplo o para realizar un elemental análisis del segundo ruido cardíaco. Más objetable aún para el quehacer médico es el de enfrentarse a pacientes adultos portadores de síndrome de Eisenmenger, arteriopatía pulmonar hipertensiva ya irreversible a causa de una comunicación interventricular o un ductus permeable que no fue diagnosticado en la edad infantil o cuya indicación quirúrgica fue soslayada. 

El cardiópata congénito adulto del siglo XXI es aquel que conoce extensamente su enfermedad y los procedimientos invasivos e instrumentales a los que ha sido sometido y expone su preocupación actual por el estado de su salud sobre el escritorio del cardiólogo utilizando terminología médica y epónimos sustanciales en el manejo de las cardiopatías congénitas como “cirugía de Blalock-Taussig”, “fístula de Glenn”, “operación de Fontan” o “intervención de Ross”, epónimos que ha aprendido durante largos años de internaciones, cateterismos y cirugías sufridas durante su infancia y adolescencia. Algunos vendrán a consultar sobre sus capacidades para realizar actividades físicas, otros acerca de su actividad sexual y, otras más, acerca de las posibilidades de un embarazo o del más conveniente método anticonceptivo a utilizar.

Para dar respuesta a todas estas inquietudes, los cardiólogos deben estar preparados para comprender lo que el paciente plantea, esto es, conocer exhaustivamente la patología a la que se refiere, estar familiarizados con las técnicas quirúrgicas a las que ha sido sometido y saber cuáles son las secuelas que tales intervenciones pueden haber dejado y cuáles las complicaciones que pueden esperarse de ellas.

En que el cardiólogo general pueda afrontar airosamente semejante consulta se encuentra el mayor desafío del momento actual. A no ser que éste sea un profesional que haya tenido un especial interés en las cardiopatías congénitas y haya obtenido una formación especial en ese rubro, en la mayoría de los casos nuestros cardiólogos de hoy van a necesitar ayuda adicional.

Para que estos cardiólogos se sientan apoyados y puedan brindar el seguimiento clínico adecuado y la contención emocional requerida por estos pacientes es necesario que generemos a la brevedad grupos multidisciplinarios que se aboquen específicamente a su cuidado. Debemos construir auténticos foros de discusión para analizar cada caso en particular, ya que sus necesidades son diversas y no quedan confinadas a la Cardiología sino que requieren del aporte de hematólogos, neumonólogos, ginecólogos y clínicos generales, tanto como el de trabajadores sociales y asesores legales a los fines de poder asegurar y orientar la vida adulta de estos individuos. 

No caben dudas de que esta es una tarea ímproba y poblada de dificultades, pero cuanto antes la iniciemos, antes podremos enfrentar este poderoso desafío que la creciente sobrevida de los cardiópatas congénitos presenta a la Cardiología de este siglo.

 

 

Oscar Saravalli
Jefe del Servicio de Cardiopatías Congénitas del Hospital “Víctor J. Vilela”. Rosario, Rep. Argentina

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Autores

Oscar Saravalli
Jefe del Servicio de Cardiopatías Congénitas del Hospital “Víctor J. Vilela”. Rosario, Rep. Argentina.

Autor correspondencia

Oscar Saravalli
Jefe del Servicio de Cardiopatías Congénitas del Hospital “Víctor J. Vilela”. Rosario, Rep. Argentina.

Correo electrónico: osaravalli@hotmail.com

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Revista del CONAREC, Volumen Año 2013 Num 122

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Revista del CONAREC
Número 122 | Volumen 28 | Año 2013

Titulo
Cardiopatías congénitas desde el feto hasta el adulto: el desafío a la Cardiología del siglo xxi

Autores
Oscar Saravalli

Publicación
Revista del CONAREC

Editor
Consejo Argentino de Residentes de Cardiología

Fecha de publicación
2013-12-31

Registro de propiedad intelectual
© Consejo Argentino de Residentes de Cardiología

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